En la capital misionera, la respuesta fue inmediata y de tal magnitud que las instituciones que recibían las donaciones quedaron desbordadas.
Apenas conocida la magnitud de la tragedia del 20 de septiembre de 1926, Posadas se convirtió en un centro de auxilio para los damnificados de Encarnación. Colectas, hospitales, escuelas, comerciantes y asociaciones cruzaron el Paraná con alimentos, ropa, medicamentos y ayuda para la reconstrucción.

La noticia del desastre todavía estaba fresca cuando Posadas comenzó a organizar la ayuda.
Del otro lado del Paraná, Encarnación era una ciudad golpeada por una de las mayores tragedias de su historia. Había muertos, heridos, familias sin techo y edificios reducidos a escombros. La dimensión del desastre hacía imposible que la ciudad pudiera afrontar sola la emergencia.
En Posadas, la respuesta fue inmediata.
La Asociación del Profesorado y Magisterio de Misiones impulsó una de las primeras colectas, conocida entonces como “suscripción popular”. La Liga Patriótica misionera reunió alimentos, ropa y medicamentos, mientras la Sociedad de Beneficencia organizaba nuevas acciones de asistencia.
Los hospitales también abrieron sus puertas.
La Sociedad Española de Socorros Mutuos puso su sede a disposición y la Logia Roque Pérez cedió sus instalaciones para convertirlas en un hospital de sangre. Allí fueron atendidos heridos desde Encarnación. Docentes y alumnas de la Escuela Normal participaron de las tareas de asistencia.
La solidaridad también tuvo rostro de mujer. La Sociedad de Damas de Beneficencia creó una Comisión Extraordinaria integrada por María Bidondo de Jijena, Rosalía R. de Borghesi y Esther R. de Galarza. Para reunir fondos organizó funciones en el Teatro Español, mientras otros espacios de la ciudad también fueron puestos al servicio de la emergencia.
Las donaciones comenzaron a llegar de todos los sectores.
Las listas publicadas por los periódicos de la época registraban bolsas de harina, galletas, azúcar, café, arroz, fideos y otros alimentos. Se reunían frazadas, camisas, pantalones, vestidos y calzado. También se enviaban camas, linternas, faroles, algodón, gasas, vendas y elementos para la atención sanitaria.
La respuesta fue de tal magnitud que las instituciones que recibían las donaciones quedaron desbordadas. Fue necesario crear una Comisión Única de Auxilios para centralizar la tarea.
Los estudiantes tampoco quedaron al margen. Docentes y alumnos de las escuelas posadeñas se organizaron en 52 grupos y recorrieron las casas de la ciudad para recoger donaciones. Semanas después, mientras todavía permanecían heridos internados, estudiantes de la Escuela Normal, de las escuelas Nº 1, 2 y 6 y del Colegio Nacional continuaban visitándolos.
La ayuda cruzó el río por tierra y por agua.
A las 72 horas del ciclón, cuatro camiones partieron desde Posadas cargados con parte de los elementos reunidos. También se utilizaron los ferrys que comunicaban ambas ciudades.
La imagen de aquellos viajes revela la magnitud del desastre. Mientras los vehículos y embarcaciones llevaban alimentos, ropa y suministros hacia Encarnación, en el regreso transportaban escombros. La ciudad paraguaya estaba tan devastada que ya no tenía espacio suficiente para depositarlos.
Uno de los edificios destruidos había sido la escuela de la zona baja. A partir de esa situación se impulsó una campaña para levantar un nuevo establecimiento. Alumnos y docentes argentinos participaron en la recaudación y el edificio comenzó a ser conocido como Escuela Sarmiento y luego Escuela Argentina.
La solidaridad, además, tuvo reconocimiento institucional.

En 1927, delegaciones paraguayas viajaron a Posadas para agradecer públicamente la asistencia recibida. Una placa de mármol fue colocada en la plaza 9 de Julio. En septiembre, otra delegación entregó una placa de bronce con una inscripción dedicada a la ciudad: “A la hidalga ciudad de Posadas”.
El reconocimiento tuvo su expresión más duradera en 1929.
La Colectividad Paraguaya de Misiones donó un monumento en agradecimiento por la ayuda brindada tras el ciclón. Para recibirlo se acondicionó un espacio que luego sería el Parque República del Paraguay.
El monumento, una pirámide tallada en piedra asperón roja, fue inaugurado en un acto que reunió a autoridades, delegaciones escolares, militares y vecinos de ambas orillas. Se entonaron los himnos de Argentina y Paraguay y se celebró una misa de campaña.
La piedra quedó allí como testimonio de una tragedia, pero también de una respuesta.
El ciclón había destruido viviendas, edificios y vidas. La solidaridad de Posadas, en cambio, ayudó a reconstruir algo que el viento no pudo llevarse: el vínculo entre dos ciudades separadas por un río y unidas, desde entonces, por una memoria compartida.
Casi un siglo después, esa historia continúa siendo uno de los capítulos más fuertes de la relación entre ambas ciudades. En el próximo Data Urbana continuaremos con la tercera y última parte porque Posadas también colaboró en la reconstrucción
Colaboración: Leo Duarte
