Antes de convertirse en uno de los mercados más tradicionales de la capital misionera, fue una feria popular donde mujeres llegadas desde Encarnación cruzaban el Paraná para vender sus productos. En Data Urbana recorremos estos locales que pasan de generación en generación y que forman parte de la identidad posadeña.

Hay lugares que forman parte de la vida de una ciudad sin necesidad de grandes monumentos ni postales. En Posadas, uno de ellos es el Mercado Modelo “La Placita”. Basta recorrer sus pasillos para encontrar algo más que ropa, calzado, artículos electrónicos o productos regionales: detrás de cada puesto hay historias de trabajo, familias que sostuvieron un negocio durante décadas y comerciantes que aprendieron a empezar de nuevo cuando las cosas no salieron como esperaban.

Ubicado sobre la avenida Roque Sáenz Peña, entre Sarmiento y San Martín, el pasado 27 de agosto celebró sus 70 años. Pero su historia es bastante más antigua que el edificio que hoy alberga. aniversario. Los antecedentes de este espacio comercial se remontan a las primeras décadas del siglo XX, cuando una feria popular reunía a vendedores en las inmediaciones del puerto posadeño. Aquel espacio fue el comienzo de una tradición comercial que sobrevivió a desalojos, mudanzas, decisiones políticas y un incendio que quedó marcado en la memoria del lugar. El exmandatario de Misiones, el Dr. César Napoleón Ayrault, ordenó e impulsó la creación de este emblemático espacio comercial.

Mucho antes de que existieran los locales actuales, las protagonistas de aquella feria eran las llamadas villenas, mujeres que llegaban desde Encarnación en pequeñas embarcaciones para vender sus productos en Posadas. Traían mandioca, batata, huevos, pollos, frutas y verduras. También ofrecían chipa, mbeyú, sopa paraguaya y plantas medicinales. La feria era un punto de abastecimiento para los vecinos, pero también un reflejo de la relación cotidiana entre las dos ciudades, unidas por el río Paraná mucho antes de que el puente internacional transformara la circulación entre ambas orillas.

El intercambio no se limitaba a las mercaderías. En esos puestos también viajaban recetas, costumbres y conocimientos transmitidos de generación en generación. La actividad comercial tenía sus propias reglas y respondía a una necesidad concreta: vender, comprar y ganarse la vida.

Sin embargo, aquella feria no siempre fue bienvenida por las autoridades. Hacia 1930, durante la intervención federal del coronel Enrique Pilloto, el espacio fue desmantelado bajo argumentos vinculados con la higiene y la imagen urbana. Los puestos desaparecieron, pero la actividad encontró otros lugares donde continuar.

En los años siguientes, los comerciantes consiguieron instalarse en un tinglado sobre la avenida Roque Pérez, entre Félix de Azara y Buenos Aires. Las condiciones eran precarias y los problemas sanitarios volvieron a generar conflictos. A fines de 1955, una nueva intervención municipal dispuso el cierre de aquella feria. Una vez más, los vendedores perdieron su espacio y tuvieron que buscar alternativas para sostener sus actividades.

La solución comenzó a tomar forma a partir de 1958, durante la gestión del interventor federal César Napoleón Ayrault. En el marco del denominado Plan Urbis, que buscaba reorganizar distintos sectores de Posadas, se proyectó la construcción de un mercado en la zona de la avenida Roque Sáenz Peña. El edificio abrió sus puertas en 1962 con el nombre oficial de Mercado Modelo. La gente, sin embargo, siguió llamándolo La Placita, una denominación que venía de aquella feria popular y que terminó convirtiéndose en parte inseparable de su identidad.

La diferencia entre las fechas explica una particularidad del aniversario: los 70 años remiten a los inicios del mercado en 1956, mientras que la inauguración del edificio actual ocurrió seis años después.

La historia de La Placita también tiene un capítulo doloroso. En 1983, un incendio afectó al mercado y golpeó a los comerciantes que trabajaban allí. Para muchos, no se trataba solamente de perder mercadería o instalaciones, sino de ver amenazado el sustento construido con años de esfuerzo. La fecha del 27 de agosto quedó asociada a la recuperación de aquella actividad. Según los antecedentes difundidos sobre el mercado, ese día volvió a trabajar el último locatario que permanecía pendiente de retomar sus tareas después del siniestro.

Por eso, el aniversario tiene un significado que va más allá de contar los años. Recuerda también la capacidad de reconstruir, de volver a abrir las puertas y de sostener un espacio que forma parte de la economía cotidiana de Posadas.

Hoy, los pasillos de La Placita reúnen una oferta amplia y diversa. Hay locales de indumentaria, calzado, perfumería, electrónica, celulares, artículos de pesca y plantas medicinales, entre otros rubros. De acuerdo con las publicaciones sobre el mercado, el predio cuenta con más de 250 locatarios.

Algunos negocios llevan décadas en manos de una misma familia; otros se incorporaron con nuevas propuestas y productos. Esa convivencia entre lo heredado y lo nuevo es parte de la dinámica del mercado, que tuvo que adaptarse a los cambios en el consumo sin perder su carácter popular.

La Placita también forma parte del patrimonio histórico cultural de Misiones. Su valor no reside únicamente en el edificio, sino en la actividad que se desarrolla dentro de él y en los vínculos que fue construyendo con la comunidad. Porque un mercado no se sostiene solamente con paredes y puestos. Se sostiene con quienes levantan la persiana cada mañana, con los clientes que regresan y con las historias que se acumulan detrás de cada mostrador.

Siete décadas después

En una Posadas que cambió su paisaje, amplió sus avenidas y transformó sus espacios comerciales, La Placita sigue ocupando un lugar propio. Ya no es aquella feria de puestos improvisados junto al río, pero conserva algo de su espíritu original: el encuentro entre vendedores y compradores, la circulación de productos regionales y la relación histórica con Encarnación. Su recorrido no estuvo libre de dificultades, y aún así, el Mercado Modelo permaneció.

Setenta años después de aquellos primeros pasos, La Placita sigue siendo mucho más que un lugar donde hacer compras. Es una parte de la historia de Posadas que todavía se escribe todos los días, entre conversaciones de pasillo, negocios familiares y comerciantes que mantienen vivo un espacio que aprendió a resistir sin dejar de cambiar.

Colaboración: Leo Duarte