Se encontraba frente al actual Anfiteatro Manuel Ramírez y fue uno de los grandes centros de encuentro y entretenimiento de la ciudad. En Data Urbana, reconstruimos la historia de un lugar donde la música, el baile y las diferencias sociales convivían entre las barrancas del Paraná.

En las décadas de 1940 y 1950, el Parque Japonés era uno de los epicentros de la diversión en Posadas. Por sus instalaciones pasaron grandes figuras de la música popular y miles de vecinos que encontraban allí un lugar para bailar y compartir. Tenía cuatro pistas, cuyos nombres reflejaban con ironía las diferencias sociales de la época. Su historia también quedó atravesada por un incendio y relatos de apariciones que alimentaron la memoria popular.
El predio, que alcanzó su esplendor a mediados del siglo XX, se ubicaba en la intersección de Sargento Cabral y Roque González, cerca del actual Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez. Aunque su época dorada quedó atrás hacia mediados de los años 60, su recuerdo permanece ligado a una de las etapas más singulares de la vida nocturna posadeña.
Antes de convertirse en un reconocido espacio de entretenimiento, el lugar había sido una residencia de los hermanos Barthe. Más tarde, los Yamaguchi impulsaron su transformación y contribuyeron a convertirlo en un punto de referencia para la recreación en la ciudad.
Durante la década de 1940, los japoneses que administraban el Café Tokio promovieron el Parque Japonés, un complejo con cuatro pistas de baile sobre las barrancas del río Paraná. Su propuesta respondía a una demanda creciente de espacios de esparcimiento y pronto se convirtió en un lugar de encuentro para los posadeños.
Pero el Parque Japonés tenía una particularidad: no todas las pistas eran iguales. La ubicación, la iluminación y las comodidades determinaban el precio de ingreso y, en buena medida, el público que concurría a cada una.
La Pista 1, situada junto a la casa principal, era la más costosa. El ingenio popular la bautizó Atkinson y allí se daban cita, principalmente, las familias acomodadas y los integrantes de los clubes más prestigiosos de la ciudad. La Pista 2, conocida como Palmolive, recibía a visitantes de otras localidades, comerciantes y personas que llegaban a Posadas por negocios o turismo.
Mientras que la Pista 3, llamada Saldos y Retazos, era frecuentada por empleados de comercio y trabajadores de actividades afines. En el extremo opuesto estaba la Pista 4, ubicada casi sobre la barranca y con escasa iluminación. Era la más económica y recibió el nombre popular de Puloil. Allí concurrían mayoritariamente trabajadores y trabajadoras del servicio doméstico.
Los nombres no eran casuales: aludían a marcas comerciales y expresiones reconocibles de la época, utilizadas con ironía para distinguir a quienes frecuentaban cada sector. Así, las cuatro pistas condensaban, en un mismo predio, una radiografía de la sociedad posadeña.
El Parque Japonés no solo convocaba por sus pistas y su particular organización. También se destacaba por los artistas que llegaban a sus escenarios. Entre las figuras que actuaron allí se encontraban el cantante mexicano Pedro Vargas, Antonio Tormo y Alberto Castillo, intérpretes de enorme popularidad que dejaron su huella en la música de su tiempo.
Para el público posadeño, aquellas presentaciones representaban la posibilidad de disfrutar de artistas destacados sin salir de la ciudad. El parque se consolidó así como un espacio donde el entretenimiento popular, los encuentros sociales y la música ocupaban un lugar central. Sin embargo, un incendio consumió sus instalaciones y marcó el fin de ese lugar recreativo.
La huella de Kiyoshi Yamaguchi:

Detrás de aquel emprendimiento estuvo Kiyoshi Yamaguchi, impulsor de la Asociación Japonesa y colaborador de la inmigración japonesa en Paraguay, particularmente en Itapúa. Junto con sus hermanos, también participó en el desarrollo del Bar Tokio y del Parque Japonés.
La iniciativa de los Yamaguchi supo responder a una necesidad de Posadas y de la región: contar con lugares de esparcimiento capaces de convocar a públicos diversos. El Parque Japonés fue parte de esa apuesta y se convirtió en uno de los espacios más recordados de la vida social de mediados del siglo XX.
Con el paso de los años, el predio perdió protagonismo y dejó atrás su época de esplendor. Sin embargo, su historia sobrevivió en los recuerdos de quienes lo conocieron y en los relatos transmitidos de generación en generación.
Colaboración: Leo Duarte
